JÓVENES EMPRENDEDORES DE FIAMBALÁ DEFIENDEN SU DERECHO A TRABAJAR Y A SOÑAR CON UN FUTURO MEJOR

La plaza como punto de partida.
Locales02/02/2026
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La plaza Beato Mamerto Esquiú de la ciudad de Fiambalá deja de ser solo un espacio de paseo para transformarse en un verdadero semillero de sueños, esfuerzo y dignidad. Allí, con puestos provisorios, mesas sencillas y mercadería en cantidades mínimas, decenas de jóvenes emprendedores fiambalenses dan sus primeros pasos en el mundo comercial, con un objetivo claro y profundamente humano: generar un ingreso genuino para sus familias, cubrir necesidades básicas y, algún día, poder crecer hasta instalar su propio comercio formal.

Detrás de cada puesto hay una historia de superación. Jóvenes que producen con sus propias manos, familias que acompañan, madres y padres que ayudan, y un anhelo común de salir adelante en un contexto económico difícil. No se trata de grandes volúmenes ni de ganancias extraordinarias, sino de trabajo honesto, de aprender a vender, de animarse a emprender y de apostar al esfuerzo propio como camino de progreso familiar y profesional.

La posibilidad de que estos pequeños emprendedores puedan ofrecer sus productos nació a partir de una destacada iniciativa de la Juventud Radical de Fiambalá, que gestionó el espacio para que jóvenes, y también cualquier vecino de Fiambalá y del distrito norte, pudieran instalarse de manera provisoria en la plaza principal. La propuesta fue rápidamente bien recibida por los feriantes, por la comunidad y por el turismo que llega de manera constante a la ciudad, convirtiéndose en un atractivo más y en un claro ejemplo de economía local en movimiento.

El éxito de la feria fue inmediato. La plaza comenzó a poblarse de vecinos y visitantes que recorren los puestos, comparan precios, dialogan con los vendedores y eligen libremente dónde comprar. Esa respuesta positiva no solo fortaleció a los emprendedores, sino que también dejó en evidencia una realidad que muchos consumidores expresan sin rodeos: la necesidad de precios accesibles en un contexto donde el bolsillo no alcanza y cada peso cuenta.

Sin embargo, como suele ocurrir cuando las cosas funcionan, no tardaron en aparecer cuestionamientos desde algunos sectores, que comenzaron a criticar este tipo de ventas por considerarlas perjudiciales para el comercio tradicional. A estas posturas se sumaron otras voces, claramente minoritarias, con un fuerte tinte político, cargadas de egoísmo y envidia, que intentan desacreditar el crecimiento de quienes recién comienzan, buscando limitar la libertad de trabajo y de elección de la sociedad.

Estas posturas extremas no solo apuntan contra los jóvenes emprendedores locales, sino que además pretenden impedir el ingreso de vendedores de otros lugares que llegan a Fiambalá ofreciendo productos a mejores precios. Con ese argumento, intentan presionar al municipio y al Concejo Deliberante para que se elaboren normativas restrictivas o directamente prohibitivas, una situación que generó un profundo malestar entre feriantes y emprendedores, quienes repudian la actitud de quienes se escudan en nombres institucionales para frenar el esfuerzo ajeno.

“Al parecer a algunos comerciantes no les funciona bien la calculadora”, expresaron con firmeza algunos vendedores ambulantes, al señalar que “un comerciante tributa un impuesto municipal anual muy bajo, mientras que un vendedor ambulante, en menos de una semana, paga un monto que supera ampliamente ese valor”. Una afirmación que pone sobre la mesa un debate que merece ser dado con datos, diálogo y sentido común, y no desde la descalificación.

En este contexto, desde la Municipalidad de Fiambalá y el Concejo Deliberante trascendió que se estaría trabajando en medidas que busquen equilibrar la situación, articulando la libertad de trabajo con la realidad del comercio local, pero siendo extremadamente cuidadosos de no vulnerar la Constitución Nacional Argentina, ni caer en acciones antidemocráticas o discriminatorias.

La Carta Magna es clara y contundente. El artículo 14 garantiza a todos los habitantes de la Nación el derecho a trabajar, ejercer industria lícita y comerciar; el artículo 20 extiende esos mismos derechos a los extranjeros en todo el territorio; el artículo 14 bis protege el trabajo en todas sus formas; y los artículos 9, 10, 11 y 12 aseguran la libre circulación de bienes en el país, prohibiendo aduanas interiores. Estos principios son la base de la libertad económica y no pueden ser ignorados ni reinterpretados según conveniencia.

En ese marco, resulta especialmente preocupante el uso del término “mercado persa” para referirse de manera peyorativa a la feria de emprendedores. Esa expresión no solo es incorrecta, sino que resulta discriminatoria y despectiva, ya que desvaloriza el esfuerzo de jóvenes y familias que trabajan dignamente para sobrevivir y progresar. No se trata de desorden ni de caos, sino de personas que venden lo que pueden, como pueden, en un contexto económico adverso.

Las redes sociales reflejan con claridad el sentir mayoritario de la comunidad. Comentarios como “más competencia, mejores precios”, “la gente compra donde el bolsillo alcanza”, “dejen trabajar”, “no hay trabajo y la gente se rebusca”, “los precios en Fiambalá son abusivos”, y “el consumidor tiene derecho a elegir” se repiten una y otra vez, marcando una tendencia clara de apoyo a los emprendedores y a la venta ambulante como una alternativa válida y necesaria.

También hay voces que llaman al diálogo y a la búsqueda de consensos, planteando la necesidad de ordenar la actividad sin prohibirla, priorizando el trabajo local y evitando enfrentamientos estériles. Ese parece ser el camino más razonable: regular sin excluir, ordenar sin prohibir y dialogar sin discriminar.

La feria de la plaza Beato Mamerto Esquiú no es un problema; es una consecuencia directa de una realidad económica difícil y, al mismo tiempo, una muestra de resiliencia social. Allí no hay especulación ni privilegios, hay jóvenes que quieren trabajar, familias que necesitan ingresos y una comunidad que, en su gran mayoría, apoya y acompaña.

Defender a los jóvenes emprendedores de Fiambalá no es una postura ideológica, es una postura humana. Es entender que nadie empieza grande, que todo comercio alguna vez fue pequeño y que el derecho a trabajar, a vender y a soñar con un futuro mejor no puede ser negado por intereses mezquinos ni por miradas egoístas. En la plaza, cada puesto es mucho más que una venta: es un acto de dignidad, esfuerzo y esperanza.


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